¿Qué hizo humanos a los humanos? La relación entre evolución humana y educación
Perfil de los destinatarios
Esta actividad colaborativa está dirigida a todos los miembros Encuentro Internacional de Educación 2012 - 2013, que participan como integrantes de la comunidad educativa (maestros, profesores, directores de escuela), como padres, y como estudiantes.
Descripción de la ponencia
José María Bermúdez de Castro comienza su presentación afirmando que los seres vivos recibimos continuamente información del medio en el que vivimos. Y que los primates, y entre ellos los homínidos (seres humanos, chimpancés, gorilas, orangutanes) recibimos esa información de manera consciente o inconsciente por medio de nuestros sentidos, que llega de inmediato al cerebro. Esa información llega al sistema límbico en forma de emociones de naturaleza muy diversa. La información se almacena en los circuitos neuronales correspondientes y puede procesarse de inmediato en el córtex cerebral para provocar una respuesta.
El especialista explica que así se produce un aprendizaje y un consiguiente cambio de comportamiento.
Para el paleoantropólogo, el aprendizaje nos proporciona elementos para sobrevivir en un medio competitivo: puede hacernos competentes para esa supervivencia o resultar insuficiente para sobrevivir. En definitiva, el aprendizaje forma parte de la selección natural, que permite o impide la transmisión de la información genética de los individuos en las siguientes generaciones.
Bermúdez de Castro propone tomar los actuales chimpancés como referencia de las capacidades cognitivas y los comportamientos que tuvieron nuestros ancestros que vivieron en regiones boscosas de África hace entre 7 y 3 millones de años. Los chimpancés son capaces de imitar a sus mayores, pero también aprenden una serie de comportamientos particulares del grupo en el que han nacido y desarrollado su existencia -que pueden ser catalogados de tradición y, por tanto, de cultura.
Por esto, desde el punto de vista el especialista en evolución humana, resulta una falacia y un error pensar que la educación es una capacidad exclusiva del linaje humano. Según afirma Bermúdez de Castro, la educación, como tal, forma parte del bagaje biológico de los primeros representantes de la genealogía humana, cuyos cerebros no tenían más allá de 400 centímetros cúbicos.
El paleoantropólogo y director del Centro Nacional de Investigación sobre la Evolución Humana explica que el aprendizaje de aquellos primeros homininos y de las especies que aparecieron cientos de miles de años más tarde se producía gracias a la información que les llegaba del medio. Si resultaban ser competentes en este aprendizaje, sus genes llegaban a las siguientes generaciones. Y una parte de su “medio” estaba formada por sus propios padres y los demás miembros del grupo, con los que guardaban un estrecho parentesco. El grupo transmitía conocimientos a los individuos desde su nacimiento hasta su muerte, como sucede en la actualidad. Por esto, Bermúdez de Castro considera que podemos hablar entonces de una educación social, que implicaba imitación, interacción y transmisión de tradiciones de comportamiento –como es posible ver hoy entre los chimpancés que viven en libertad.
Bermúdez de Castro explica que la crisis climática de los ciclos glaciales e interglaciales, iniciada hace casi tres millones de años y acentuada hace un millón de años, propició el cambio radical del medio ambiente de los homininos y que en ese cambio sobrevivieron tres linajes durante un cierto tiempo y finalmente, hace un millón de años, solo persistió el género Homo. En nuestro género se generalizaron comportamientos más complejos para buscar y obtener el alimento en ambientes abiertos de sabana y, más tarde, tras la primera expansión fuera del continente africano, en los impredecibles medios del hemisferio norte.
Según el paleoantropólogo, el aprendizaje fue entonces la herramienta fundamental de la supervivencia. La búsqueda de recursos cada vez menos predecibles, la confección de utensilios cada vez más estandarizados, las técnicas de caza en total coordinación, el uso intencionado del fuego, el uso de pieles como abrigo, etc. fueron progresando de manera extremadamente lenta, a pesar de que el cerebro aumentó de tamaño de manera exponencial. Por supuesto, este tipo de comportamiento implicaba un incremento notable de la capacidad de planificación, de la integración de los conocimientos adquiridos en la toma de decisiones y de las respuestas cada vez más meditadas. Y todo ello se aprendía con enorme rapidez, desde el nacimiento hasta que se llegaba a ser adulto. Es muy importante darse cuenta que el periodo de crecimiento y desarrollo se fue prolongando en el género Homo, desde un modelo similar al de los chimpancés hasta el modelo actual. Nuestro crecimiento tiene una duración de 18 años, frente a los 12 de los chimpancés. Además, nosotros tenemos dos periodos nuevos: la niñez y la adolescencia, de la que carecen los chimpancés y que no estaba presente en nuestros ancestros más primitivos.
Para el director del Centro Nacional de Investigación sobre la Evolución Humana, esta adquisición biológica tuvo una repercusión muy notable en la expansión cerebral (mayor número de células neuronales) y en el tiempo disponible para el aprendizaje. Además, nuestro cerebro comenzó a desarrollarse con una velocidad cada vez menor (mayor capacidad para la conectividad), consiguiendo así una mayor flexibilidad para el aprendizaje, mayor capacidad de almacenaje de experiencias y conocimientos y, finalmente, un notable incremento de las capacidades cognitivas que definen a grosso modo la inteligencia.
Según el punto de vista del paleoantropólogo, este cambio biológico ha sido la clave de nuestra supervivencia durante los últimos dos millones de años, puesto que permitió un mayor desarrollo de nuestras capacidades cognitivas. No obstante, la educación y el aprendizaje siguieron siendo exclusivamente sociales, propias del grupo al que se pertenecía. Para Bermúdez de Castro, no podemos excluir la figura del maestro, sino todo lo contrario. Es más que probable –afirma– que ciertos individuos tuvieran mayor habilidad que otros en la confección de herramientas, en le curtido de la pieles, etc. De sus habilidades se beneficiaría todo el grupo y en particular sus alumnos más aventajados. En este sentido, la selección cultural se estaba sumando a la selección natural en la posibilidad de que determinados genotipos llegaran a las siguientes generaciones. Y la selección cultural ha ido ganando terreno, hasta llegar a ser hoy en día preponderante en las sociedades avanzadas.
Finalmente, Bermúdez de Castro considera que, no obstante, para llegar a esta situación, la especie humana actual (Homo sapiens) apenas ha cambiado su forma de educación y aprendizaje hasta hace unos pocos miles de años. El inicio del cambio metodológico (que no de los procesos fisiológicos del aprendizaje) llegó con los cambios en el sistema de producción de recursos. La cultura del Neolítico introdujo la agricultura, la domesticación de animales, la estabilidad territorial y el consiguiente crecimiento demográfico. La interacción social fue creciendo y el conocimiento compartido (socialización del conocimiento) incrementó de manera muy rápida la innovación. La emergencia de nuevos conocimientos resultó cada vez más frecuente debido a la concentración e interacción entre individuos de grupos cada vez más numerosos. Los métodos actuales de enseñanza y las teorías que han ido surgiendo en las últimas décadas sobre el aprendizaje son hijos de los cambios sociales ocurridos hace tan sólo unos pocos cientos de años. De todos modos, es importante insistir en que nuestro cerebro, que ahora recibe enseñanzas por métodos diversos, es prácticamente el mismo que tenían los primeros representantes de la especie Homo sapiens hace 200.000 años. Este órgano, que sigue siendo todavía un gran desconocido para la ciencia, responde con los mismos procesos fisiológicos en nuestra especie y en los chimpancés ante la llegada de un nuevo conocimiento. El cerebro humano es más grande está más desarrollado y por eso, y tan solo por eso, lo que denominamos la mente humana es más compleja que la de un chimpancé. Sobre esta base y el cada vez mejor conocimiento del funcionamiento del cerebro, podremos construir cualquier método que nos permita en el futuro una mayor eficacia en el aprendizaje.
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