He estado esperando unos días para leer con detenimiento las aportaciones que generosamente hacéis. Y es que el que alguien dedique parte de su tiempo, lo más valioso que tenemos, a compartir con los demás, creo que es de un mérito enorme.

 

Y he pensado que está llegando el momento de abrir la línea de aportar algunas ideas a modo de borrador. Haciendo ambos trabajos en paralelo, el de opinar y el de emitir conclusiones, aunque sean provisionales (o mejor: preferentemente provisionales). Porque creo que nos espera un trabajo enorme. Nada menos que reinventar la profesión docente. En la metodología vamos muy avanzados, la verdad. Ya hay mucho donde mirar para inspirarse. Pero en evaluación y calificación aún hay mucho camino por recorrer. Probablemente el más arriesgado, el que más consecuencias conlleva. Pero el que, también, es inevitable...

 

Iré añadiendo algunas ideas que se me van ocurriendo al leeros. Y, por supuesto, id vosotras y vosotros añadiendo las que queráis. Con una única condición. Que referenciéis hacia la intervención o intervenciones, o personas, que os han movido a aportar.

 

¡Gracias!

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Respuestas a esta discusión

Decía Juan Diego, en un comentario dentro de la página principal, que "el cambio en la evaluación viene con el cambio en como enseñamos".

 

Creo que es muy cierto. Que nos estamos haciendo preguntas por la evaluación en un momento en el que se ha avanzado bastante en cuestiones metodológicas. Quizá a cada uno le quede mucho camino por recorrer (a mí al menos), pero en conjunto sí que se perciben avances metodológicos notables, sumados los de todas y todos.

 

Y como nos hemos cuestionado nuestro quehacer docente (porque nos sentimos incómodos en un sistema educativo del siglo XIX, que no potencia lo que queremos para el siglo XXI), es lógico que también nos cuestionemos la información que proporcionamos mediante la evaluación y el destino que le damos. Es una etapa que hay que cubrir. Pero es una etapa arriesgada, con consecuencias. Porque afecta al modo en el que opinamos oficialmente acerca del trabajo del alumnado. Y porque esa calificación, con el actual modo de ser las cosas, influye en la vida de la gente.

 

Cambiar la metodología no ha tenido grandes consecuencias sociales. Porque, como muy bien me ayudó a descubrir José Hernández, la metodología en educación es algo no formal. Y es que la Administración recomienda, pero no prescribe... Por lo tanto, caben múltiples metodologías. Pero cambiar la evaluación y, sobre todo, cambiar la calificación, sí que va a ser algo de gran calado social... Podemos afectar al camino prescrito para alcanzar el éxito...

 

Sí... Arriesgado, sí... Con consecuencias, sí... Pero inevitable una vez hemos puesto en marcha un cambio metodológico en el que creemos...

Indicaba Genny Concepción, en su comentario en la página principal, que sobre el problema que supone en México (y en todas partes, realmente) que los instrumentos de evaluación expresen lo que el alumnado realmente aprende.

 

Creo que es una cuestión muy pertinente el plantearnos evaluación para qué. Una cuestión que ha salido en varios lugares en los comentarios, sí... Y es que cada actor educativo, además de para usar la información para orientar el aprendizaje, la emplea con muy distintos y diversos fines. Conviviendo todos ellos, contradictorios entre sí y tensionando el sistema... De hecho, orientar el aprendizaje no suele ser el principal fin, la principal meta... Eso no quiere decir que todas las metas no explícitas de la evaluación y la calificación sean malas. Pero sí que están ahí... No siempre visibles...

 

¿Aprovecha el alumnado la evaluación y la calificación para: compararse con otras y otros; contentar a sus familias; contentar al profesorado; obtener premios materiales...?

 

¿Aprovecha el profesorado la evaluación y la calificación para: premiar y castigar; situarse dentro de una escala de poder y reconocimiento interna en el centro educativo; evitarse problemas; hacer lo que siempre se ha hecho, reproduciendo acríticamente un modelo; contrarrestar de modo no explícito los efectos perversos que perciba que tiene la calificación en las personas...?

 

¿Aprovechan las familias la evaluación y la calificación para: premiar o castigar; presumir ante otras familias; ajusticiar a profesorado; guiar a sus hijos e hijas hacia un futuro definido por otros, mansa y acríticamente; convertir en exitosos a sus hijos e hijas con independencia de lo que exitoso quiera decir y las consecuencias que tenga...?

 

¿Aprovecha la administración la evaluación y la calificación para: clasificar administrativamente a la población para el resto de su vida; producir noticias con la esperanza de convertirlas en un estado de opinión favorable en momentos electorales; crear modos de autoperpetuación en los resortes de poder administrativo; obtener información del funcionamiento del sistema educativo, para dirigir sus esfuerzos, con la esperanza de que, a pesar de que los indicadores son sumamente débiles, por casualidad muestren el camino...?

 

Creo que va a ser un duro camino este de hacer una evaluación coherente con un sistema educativo que queremos, dados todos los intereses creados que surgen alrededor... Es posible que, si tratamos, de verdad, de cambiar la evaluación y la calificación para que representen lo que el alumnado va aprendiendo realmente, terminemos por enfadar a mucha gente...

Aportaba Leslye Maribel, en un comentario al contenido de la página principal, que la evaluación debería dirigirse más (mucho más) hacia los procesos. Y que esos enfoques no son nuevos, ya que "a pesar del tiempo no logramos insertar ciertos conceptos en nuestra mentalidad".

 

Tiene que llamarnos la atención que lo que menos ha cambiado en el sistema educativo, a lo largo de las décadas, han sido evaluación y calificación. De hecho, ha cambiado (o se ha diversificado) casi todo menos eso.

 

Es verdad que quizá este sea un momento privilegiado como pocos para introducir cambios sustanciales en el sistema educativo. Cambios que afecten a su identidad. Se han conjugado potencialidades (tIC) y necesidad (crisis económica profunda, sistémica, que afecta inexorablemente a todo el tejido social, no solo al financiero) más allá de una mera coyuntura. Pero también es verdad que la respuesta que se está dando a este cambio es más o menos individual, o en colectivos reducidos. En el caso de los docentes, autoformación, básicamente. Y que con respuestas individuales no se va a lograr gran cosa...

 

Quizá sea el momento de formarnos juntos, en entornos colectivos. ¿Que los pone la Administración? ¡Estupendo! ¿Que los facilitan entidades privadas? A nadie le amarga un dulce... ¿Que los creamos nosotros mismos? Eso está sucediendo ya...

 

¿En qué vamos a convertir este debate, para que la riqueza conceptual que existe alrededor de las ideas de evaluación y calificación no se traduzca luego en una pobreza de acciones como la que señalaba Leslye, encasillándonos en meras pruebas escritas al finalizar una unidad didáctica?

Usaba Manuel Francisco (con el que comparto número de años como funcionario del cuerpo docente), en un comentario al contenido de la página principal, tres expresiones que me interesan: "brindis al sol", "profeta de una nueva reforma educativa", "llaneros solitarios".

 

Me interesan porque las percibo cargadas de connotación. No creo que el lenguaje sea neutral. Cuando usamos unas expresiones, y no otras, estamos eligiendo qué queremos decir. Y esas expresiones se emplean, usualmente, para emitir juicios acerca del trabajo o las opiniones de otros.

 

Este, creo, no debe ser nuestro enfoque. Siglos de llegar a ninguna parte lo evidencian, a mi juicio.

 

En cambio, sí que creo en otro enfoque. Distinto, radicalmente distinto. En el que personas que comparten una serie de principios básicos, también comparten lo que hacen. Y quienes reciben lo que otros comparten, deciden usarlo o no. No tanto enjuiciarlo, no. Esa no sería la prioridad. En cambio, sí que sería "qué de lo que tú me aportas me puedo quedar y aplicar en este contexto social, educativo, temporal, etc., que vivo yo, ahora".

 

Por supuesto, opinar sobre lo que otros comparten no queda excluido, ¡Claro que no! Puesto que los principios son compartidos, sí se puede enjuiciar la coherencia entre ellos y la acción que dicen inspirar. Pero puesto que los contextos individuales son desconocidos es complicado, aventurado, arriesgado, emitir juicios acerca de si es o no la mejor forma de implementar esos principios básicos y compartidos.

 

Nos merecemos entornos protegidos, donde nos sintamos libres para compartir. Donde la gente que allí se encuentre crea, firmemente, en que cada persona hace lo posible para convertir en realidad el modo de pensar, la escala de valores, las estrategias que nos unen. Nos merecemos entornos protegidos, donde pedir ayuda no sea un demérito y así podamos compartir acciones explícitamente imperfectas. De hecho, todas lo son... Nos merecemos entornos protegidos, donde el protagonismo no lo tengan nuestras opiniones, sino la coherencia entre nuestras opiniones y nuestras acciones (y no la coherencia entre nuestras acciones y las opiniones de otras u otros; ¡esa es imposible de alcanzar!)

 

Es decir, entornos capaces de convocar a gente, acogedores...

 

Y nos los merecemos porque vamos a entrar, tocando la evaluación y la calificación, en terrenos repletos de riesgo, de consecuencias.

 

Gracias, Manuel Francisco por haberme permitido sacar este tema a partir de algunas de las expresiones contenidas en tu intervención. :)

Hacían, Noemí y Mª Eugenia, aportaciones relacionadas, también comentando el contenido de la página principal. Que tenían que ver con las dificultades de convertir todos estos principios en aquello que exige la administración: una escala numérica natural del 1 al 10. Y que, precisamente, los mayores problemas se generan no solo por la traducción a esa escala, que técnicamente se puede resolver bien. Sino por las consecuencias de esa nota. Un tema recurrente en estos debates... Y es que, como muy bien decía Manuel Francisco, sin que haya algún cambio en la forma en que la Administración (y, en extenso, la sociedad) entiende la calificación, va a ser complicado...

 

Personalmente sí creo que hay margen para la actuación. Sí lo encuentro en mi acción en el aula. Y percibo que hay mucha más gente que también lo encuentra. Pero también estoy convencido de que esas actuaciones, que trata de ser coherente con unos principios básicos, pero, a la vez, respetuosa con la legislación, han de estar a la vista de la Administración. Puede ocurrir que estemos marcando caminos que se puedan recorrer, pero que la Administración no los esté percibiendo y, por tanto, no esté actuando. A pesar de que su voluntad pudiera ser hacerlo, si supiera de ellos.

 

Muy probablemente sería positivo hacer llegar, de algún modo (o mejor, de algunos modos) lo que aquí se está hablando a la Administración (autonómica, estatal, local; la que sea que corresponda en cada país).

Abría toda una línea Armando con su comentario al contenido de la página principal. Aportaba una estrategia de cambio. No solo un deseo o análisis. Una estrategia. Que usaba la meta-evaluación (la reflexión sobre la evaluación) y colocaba a las familias como sus destinatarios privilegiados. Que nos situaba a docentes y familias en una situación de complicidad parcial (al menos parcial).

 

En la que la visibilidad, la transparencia de la evaluación, es un factor clave. Y es que si la evaluación no es visible y transparente... ¿cómo incorporar a las familias, como asociarse a ellas en este cambio?

 

Es muy posible que el curso que viene esa línea tenga que abrirse con toda su potencia. La línea de abrir la evaluación a la mirada de otros agentes, la línea de privilegiar a las familias, la línea de aportarles espacios a ellas y al alumnado de reflexión sobre la evaluación. Espacios que no sean colaterales, sino protagonistas.

 

Y también es muy posible que todo lo que se haga alrededor de esa línea, puesto que ha de ser narrado a fin de incorporar a gente, pueda reutilizarse para la formación del profesorado que demandamos...

Tengo la impresión de que Patricia, en su comentario al contenido de la página principal, toca un tema clave. Lo que pensamos que nos pide nuestra institución, aquella a la que pertenecemos.

 

Y es que es muy frecuente que la tradición se imponga a la ley. En mí el primero. E incluso en aquellos que deben velar por su cumplimiento. Por la mera inercia; y por la querencia hacia modelos consolidados ante situaciones de incertidumbre. La fragmentación de la normativa, sus frecuentes contradicciones, lo favorecen. Al menos aquí en España. Y al menos en Andalucía. Y es que la ley es algo vivo, que sí refleja los esfuerzos de la Administración (es de justicia reconocerlo) por crear nuevos escenarios, más favorables al cambio educativo. Pero también sus dudas, temores, reticencias (de sectores).

 

Y en ese panorama, hay que escrutar la ley. Hay que sacar partido de todo el margen de maniobra que nos ofrece. Hay que convertirla en cómplice, en amiga. Y para eso hay que conocerla. Conocerla mucho...

 

Creo...

 

¿La conocemos realmente? ¿Es la normativa causa de las limitaciones al cambio educativo al que aspiramos? ¿O lo es más bien la costumbre?

 

Pienso que se trata de un tema de debate primordial.

Concordo, quando você coloca a necessidade de um novo olhar, nos processos metodológicos. Ao entrar na sala de aula, com o material programado e preciso, muitas vezes, deparamos com uma realidade que não condiz com a verdade daquilo que planejamos, e neste momento, temos que ter jogo de cintura e muita criatividade,  reconhecer que naquele lócus, algo que não prevíamos acontece, abrir mão das nossas elaborações, mas nunca dos nossos objetivos, estes sim fazem a diferença. Espero que tenha compreendido a sua proposta, porque pelo anos que tenho de sala de aula, sei que poucos conseguem realizar um trabalho de qualidade amparado na percepção,na intuição, na inspiração e no conhecimento. Estas competências fazem a diferença.

Acredito que em pleno século XXI, com todas as mudanças que ocorre no  âmbito social, o professor não pode mais dar aquela aula quadradinha, ele  precisa de muitas ferramentas de apoio, e a  mais plausível, ou a mais importante é a capacidade de comunicador, sem esta, tudo fica prejudicado. Ele tem que interagir com os alunos, olho no olho, e sentir no ar o que acontece naquele momento com aquela turma, porque cada sala ainda que os conteúdos sejam os mesmos é sempre uma nova realidade e o foco  da avaliação, faz a diferença, acho que parte do discente para descobrir o que precisa ser mudado na atuação do  professor, ela é reflexiva e conjunta, não precisa perguntar, basta compartilhar os olhares, as perguntas que dirigem, o interesse pelas abordagens, o desejo de discutir a proposta de trabalho e de dividir seus  anseios e sentimentos .Portanto a realidade pede muito o informal centrado na realidade que vivenciamos, mas sempre apoiados nos objetivos e no conhecimento científico, portanto não é fácil ser esse comunicador, cada trabalho realizado requer reflexão para atingirmos a real necessidade dos educandos.

 

 

Hola a tod@s:

Estoy leyendo los aportes de mis compañeros los cuales hacen pensar en cambios en todos los niveles. Pertenezco al Nivel inicial y de acuerdo a determinadas opiniones de colegas ,es el nivel que hace evaluaciones  ya sea auto evaluaciones y evaluación de recursos, etc, de alguna manera se evalúa a los nin@s pero que pasa cuando pasan a otro nivel ya sea primaria o secundaria, etc se evalúa o simplemente se califica con criterio muy personalizado por parte del profesor o maestro?.

Muchas gracias!!!.

Saludos para tod@s.

Silvia

Creo que desde el ángulo que se quiera ver, efectivamente la evaluación es un tema que amerita un imenso trabajo que no tiene fin, ya sea por el sistema, por el país, por los docentes, por los alumnos, por el método de enseñanza, por los padres de familia, por lo cultural, etc. No se puede pensar que una forma de evaluar es la definitiva para satisfacer a los interesados.

En muchas ocasiones se sacrifica la calidad por un número (calificación) y eso al final repercture en todos los involucrados. Hay demasiadas y marcadas diferencias para tratar de establecer una forma específica de evaluación , por lo que considero que hay que concensar entre autoridades, maestros, docentes, alumnos para establecer la evaluación que mejor consideren para mejorar la educación de los alumnos, los criterios deben estar bien establecidos y darlos a conocer. Así como las herramientas y técnicas para evaluar.

Genny SB.

Estimado José Luis, Congresistas.

Una de las líneas de investigación, que me parece no solamente importante sino necesaria, es referente a la construcción de Instrumentos de Evaluación del Aprendizaje Socialmente Significativo. ¿Tendrán ideas sobre esto?

 

Saludos cordiales

Juan Manuel Junco

jmjunco@prodigy.net.mx

 

José Luis en su comentario, da pie a esta intervención, se pregunta "para qué evaluamos" y creo que evaluamos para saber si se han cumplido los objetivos, pero también lo hacemos para aprender, para construir sobre el error. En el ámbito universitario donde me desempeño, cuando el modelo pedagógico tiene su cimiento en el ABP, los instrumentos de evaluación pienso que deberían orientarse a  medir la capacidad adquirida por los estudiantes para tomar las decisiones correctas, para el trazado de estrategias colaborativas, para aprovechar las sinergias de los equipos de trabajo, para generar situaciones de cooperación, para generar conocimiento. Me pregunto si un modo de lograrlo no será pensar en "problemas" que nos permitan medir esas aptitudes y hacerlo teniendo en cuenta la capacidad creativa lograda por el educando. También dudo respecto del modo de adaptar estos pensamientos sobre la evaluación a los requerimientos de la Administración, aunque comparto lo que se ha dicho respecto de la posibilidad de incluir en la escala numérica nuestra valoración. Quizás sea tiempo de proponer modificación profunda de los criterios tradicionales o todavía es temprano para ello?

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