La educación en las instituciones educativas públicas es cada día más difícil, y esto es debido al creciente aumento de lo que se ha denominado como: “crisis de autoridad”, que consiste en la difícil relación de convivencia que se da entre docente y estudiantes, ya que el docente debe tratar con estudiantes tan diferentes en cuanto a  factores sociales, económicos, ideológicos, etc. Factores que muchas veces afectan las formas de ser y de pensar de dichos estudiantes, ocasionando que haya dificultades entre el docente, como persona que merece respeto por su autoridad en el aula, y los educandos, que debido a la formación que han tenido en su grupo familiar, no han aprendido a desarrollar valores como el respeto y la convivencia.

 

Desde su grupo familiar se observan niños que no han sido formados de manera adecuada, en cuanto a los valores morales que deben poseer; muchas veces se encuentran casos de padres de familia que ven las instituciones educativas como lugares donde pueden mantener a sus hijos “encerrados” por cierto tiempo para que los eduquen y les enseñen a respetar a los demás, ya que ellos, como padres de familia, no han sido capaz de inculcar disciplina en ellos; esperando que sean los maestros los que logren moldear de mejor manera a sus hijos, situación que es difícil debido a que los estudiantes ya llevan transcurrida una buena parte de su educación y también porque el docente tiene poco tiempo con sus estudiantes.

 

El problema de la crisis de autoridad también genera bajo rendimiento en los estudiantes, ya que los alumnos muchas veces van a los centros escolares contra su propia voluntad, esto ocasiona su absentismo, pasividad y en algunos casos su resistencia activa. Es esta resistencia activa la que más problemas ocasiona al docente ya que no sólo debe luchar porque sus alumnos aprendan sino también por generar en ellos ese sentimiento de interés por su estudio, situación que se torna compleja si el estudiante no tiene ningún deseo de aprender, es aquí donde se genera el enfrentamiento directo con el profesor.

 

Actualmente el concepto de autoridad ha sufrido desprestigio, por lo que la crisis académica y de valores que se observa, de manera general, en la mayoría de instituciones educativas, sobre todo en secundaria, es sólo una manifestación de esta situación. En el pasado la autoridad del docente era fomentada y promovida a los niños desde el seno familiar, el respeto y el reconocimiento a los educadores, formaba parte de la cultura, del bagaje de valores y criterios fundamentales de conducta de todo niño, y con esta idea el infante accedía a la vida escolar.

 

El problema actual reside fundamentalmente en la involución que ha sufrido ese bagaje de valores y criterios, ya que en vez de seguirse fomentando estas tradiciones hacia el respeto a la autoridad del docente, ahora ha disminuido hasta llegar a socavarla.  El docente sabe que ya no puede utilizar el viejo argumento de: “eso no lo harías en tu casa”, pues aunque la conducta del estudiante ante el docente haya sido totalmente inadecuada, el docente puede estar más que seguro que el estudiante, en su casa, es igual de mal portado si es que no, mucho peor. Es por ello que ya no se puede pensar en la idea de que los padres han delegado su autoridad en los educadores; más bien ocurre que, una vez perdida toda autoridad, los padres reclaman a los profesores que eduquen a sus hijos hasta donde ellos no han sido capaces de hacerlo.

 

Pero que tanto se puede esperar de los docentes, que son social y económicamente maltratados, que se encuentran desmoralizados y desvalorizados, conscientes de la imposibilidad de la tarea que se les encomienda, sin ninguna ayuda por parte de los padres de familia, los cuales, lejos de apoyarlos los abandonan, sabiendo de antemano, que no es posible que una institución educativa enmiende con posterioridad semejante carencia de valores y de formación moral.

 

Se sabe que sin la autoridad del educador, es imposible que se dé la educación, razón por la cual la autoridad debe fomentarse desde el inicio de la relación docente-estudiante, ya que una vez perdida la autoridad, será difícil recuperarla y mucho menos haciendo uso de incrementos de poder puro, o utilizando la coerción. La autoridad es necesario fomentarla en las relaciones humanas, pero sin llegar a niveles deplorables o inadmisibles, donde los estudiantes echen mano de la violencia como medio de resistencia y las instituciones educativas pierdan el control y hagan uso de las fuerzas de seguridad, para restablecer el orden.

 

La autoridad del docente ha perdido legitimación o aceptación por parte de los padres de familia y estudiantes, esta actitud de respeto a la autoridad se llama obediencia, en cuanto a la autoridad política, judicial, legislativa, y disciplina, en lo que se refiere al ámbito académico. Pero el problema mayor reside en que la autoridad del docente ha perdido legitimidad, es decir justificación ética, ya que la misma sociedad ya no fomenta los valores morales ni el principio de autoridad.

 

En sus hogares los niños ya no desarrollan el principio de autoridad, debido a una educación absolutamente permisiva y tolerante, por parte de sus padres, también es lo que observan a través de los medios de comunicación los cuales les fomentan la alienación y el desorden e irrespeto, el rechazo a la autoridad motivado por el deseo de libertad, olvidando así la estrecha servidumbre de las mentalidades y la esclavitud de las conciencias que el analfabetismo mediático genera en la población. Razón por la cual los docentes se sienten impotentes y desmotivados porque las actitudes de rigor y exigencia académica, no encuentran ningún respaldo eficaz, sólo en las normas punitivas, siempre tardías.

 

Lo que se necesita es voluntad, decisión, compromiso y tono vital para aplicar las normas punitivas, esto depende en gran medida de la valoración que la sociedad mantenga sobre su propia autoridad y acerca de la función del educador. Pero también depende en gran medida de las características y actitudes de los educadores.  Es necesario recordar que autoridad tiene relación con autor, que invoca la jerarquía natural derivada de la relación causal, también autoridad deriva de augure, que significa crecer o sobresalir, todo lo anterior nos indica que el docente debe contar con una serie de características propias como ejercer una cierta excelencia, también un liderazgo intelectual y moral, así como racionalidad y autocontrol.

 

Es necesario mencionar que la autoridad en la educación es imprescindible,  si queremos que el niño encuentre en sus docentes seguridad, racionalidad y predecibilidad, valores que deben caracterizar la genuina autoridad del educador. Ya que se sabe que todos necesitamos seguridad, solidez y firmeza, entonces los niños buscarán estas características en primer lugar en sus padres y en segundo lugar en sus maestros. Para finalizar es importante agregar que una educación basada en la libertad no es educación pues es necesario educar a los niños con rigor y firmeza, para demandar de ellos el autocontrol y el sacrificio de la satisfacción inmediata de sus impulsos.

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